Hedonismo
Publicado: Jue Ago 12, 2010 7:53 pm
Últimamente me ha salido esta palabra un par de veces, y me ha extrañado lo poco que se habla aquí de ello.
El hedonismo ha tenido muy mala fama, no sólo por parte de los creyentes, que viven «en un valle de lágrimas» esperando que todo se solucione tras la muerte, si no también desde la izquierda más decididamente atea, que ha considerado el hedonismo una especie de veleidad burguesa, alejado de aquello a lo que debe aspirar una sociedad socialista. Yo, en cambio, siempre me he considerado un hedonista, aunque no sé sí encajo muy bien. Creo que es uno de los principales motores que mueve el mundo, no el único, como creían los utilitaristas y liberales de los siglos XVIII y XIX, pero sí de los importantes.
Por supuesto, aunque no sé si es tan supuesto, no me identifico con ese hedonismo primitivo de los cirenáicos que consiste en la satisfacción inmediata de todos los placeres, empezando por los primarios, e independientemente de las consecuencias personales o sociales. Me parece vacuo, por que los placeres inmediatos siempre se anteponen a los placeres más intensos, y cuya consecución supone un reto.
Tampoco me identifico, del todo, con el hedonismo epicureo, por culpa del concepto de ataraxia, es decir de la tranquilidad que surge de la disminución de los deseos. Para mí la felicidad y el placer se derivan de la realización del deseo, y por lo tanto si no hay deseo que realizar no hay placer. Y tampoco creo que se pueda alcanzar un estado de felicidad perpetua, si no que la vida está llena de pequeños momentos de placer de los que disfrutar.
Por otra parte considero que la intensidad del placer depende no sólo de la realización del deseo, si no, también, del esfuerzo que hay que hacer para conseguirlo, y de esta manera merece la pena sacrificar pequeños placeres inmediatos, para obtener un placer mayor tras un esfuerzo. Incluso el propio esfuerzo puede llegar a ser placentero. Creo que a mayor esfuerzo mayor placer, siempre y cuando el deseo sea realizable, puesto que si es imposible genera frustración e infelicidad.
Por supuesto no me refiero sólo a los placeres sensuales (que entran por los sentidos), aunque son precisamente los sentidos los que me van a permitir el goce, si no también a las satisfacciones que da conseguir logros intelectuales, y sociales, al colaborar con los demás.
No sé, el mejor ejemplo que se me ocurre es el del corredor, que sufre para llegar a la meta, pero obtiene un gran placer cuando llega, especialmente si lo hace el primero.
Claro sufrimiento y placer son dos conceptos antagónicos, así que a lo mejor me considero hedonista por que no tengo ni idea. Lo que sí sé es que procuro hacer las cosas que me producen placer, y de disfrutar de todo lo que tengo que hacer.
El hedonismo ha tenido muy mala fama, no sólo por parte de los creyentes, que viven «en un valle de lágrimas» esperando que todo se solucione tras la muerte, si no también desde la izquierda más decididamente atea, que ha considerado el hedonismo una especie de veleidad burguesa, alejado de aquello a lo que debe aspirar una sociedad socialista. Yo, en cambio, siempre me he considerado un hedonista, aunque no sé sí encajo muy bien. Creo que es uno de los principales motores que mueve el mundo, no el único, como creían los utilitaristas y liberales de los siglos XVIII y XIX, pero sí de los importantes.
Por supuesto, aunque no sé si es tan supuesto, no me identifico con ese hedonismo primitivo de los cirenáicos que consiste en la satisfacción inmediata de todos los placeres, empezando por los primarios, e independientemente de las consecuencias personales o sociales. Me parece vacuo, por que los placeres inmediatos siempre se anteponen a los placeres más intensos, y cuya consecución supone un reto.
Tampoco me identifico, del todo, con el hedonismo epicureo, por culpa del concepto de ataraxia, es decir de la tranquilidad que surge de la disminución de los deseos. Para mí la felicidad y el placer se derivan de la realización del deseo, y por lo tanto si no hay deseo que realizar no hay placer. Y tampoco creo que se pueda alcanzar un estado de felicidad perpetua, si no que la vida está llena de pequeños momentos de placer de los que disfrutar.
Por otra parte considero que la intensidad del placer depende no sólo de la realización del deseo, si no, también, del esfuerzo que hay que hacer para conseguirlo, y de esta manera merece la pena sacrificar pequeños placeres inmediatos, para obtener un placer mayor tras un esfuerzo. Incluso el propio esfuerzo puede llegar a ser placentero. Creo que a mayor esfuerzo mayor placer, siempre y cuando el deseo sea realizable, puesto que si es imposible genera frustración e infelicidad.
Por supuesto no me refiero sólo a los placeres sensuales (que entran por los sentidos), aunque son precisamente los sentidos los que me van a permitir el goce, si no también a las satisfacciones que da conseguir logros intelectuales, y sociales, al colaborar con los demás.
No sé, el mejor ejemplo que se me ocurre es el del corredor, que sufre para llegar a la meta, pero obtiene un gran placer cuando llega, especialmente si lo hace el primero.
Claro sufrimiento y placer son dos conceptos antagónicos, así que a lo mejor me considero hedonista por que no tengo ni idea. Lo que sí sé es que procuro hacer las cosas que me producen placer, y de disfrutar de todo lo que tengo que hacer.