El "homo incultus" y el brillante cesio 137
Publicado: Mié Ago 10, 2011 7:39 pm
Seguro que más de uno conoce ya la historia porque este es el accidente radiológico más grave de la historia, pero para el que no, ahí va...
Hay que ser burro para abandonar una máquina de radioterapia (aunque sea sólo por la pasta que vale), hay que ser burro para robar una máquina de esas y desguazarla, hay que ser burro para dejar que una niña de 6 años juegue con substancias desconocidas del interior de una máquina de un hospital, hay que ser burro para no saber como es el símbolo de riesgo nuclear y las consecuencias que conlleva ignorarlo (que hasta mi hija de 9 años conoce), hay que ser burro para llevarse el cesio-137 metido en una bolsa en un autobús público y a un hospital público (¿acaso no hay teléfonos en Brasil?), joder que peligrosa puede ser la ignorancia y la estupidez...
El Instituto Goiano de Radioterapia (IGR), una clínica privada localizada a un kilómetro al noroeste de Praça Cívica (en Natal, Brasil), fue abandonado en 1985.
Una unidad de teleterapia, con cesio-137 en su interior, fue abandonada en el inmueble.
[La unidad abandonada era como esta]
A lo largo de los años siguientes, muchas personas sin hogar, okupas y chatarreros entraron en el edificio.
El 13 de septiembre de 1987, dos hombres, — Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira — encontraron el aparato de teleterapia y lo llevaron en carretilla a la casa de dos Santos Alves, a unos 600 metros del hospital abandonado. Allí desmantelaron el equipamiento, extrayendo la cápsula de cesio de su carcasa de protección. La radiación gamma emitida por la ventada de iridio de la cápsula provocó náuseas a los dos hombres tras un par de días, pero pensaron que se debía a algo que habían ingerido. La exposición ocasionó quemaduras por radiación en sus cuerpos, y uno de ellos tuvo que someterse posteriormente a la amputación de un brazo.
Los dos hombres intentaron abrir la cápsula, pero no lo consiguieron. Pocos días después, sin embargo, uno de ellos rompió la ventana de iridio, lo que le permitió observar que el cloruro de cesio emitía una profunda luz azul. A pesar de intentar extraerlo, finalmente acabó rindiéndose.
El 18 de septiembre Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira vendieron las piezas a una chatarrería cercana. Esa noche, Devair Alves Ferreira, propietario de la chatarrería, estaba en el garaje y vio el resplandor azul de la cápsula de cesio. En los días siguientes invitó a amigos y familiares a ver la sustancia luminosa. Ferreria intentó hacer un anillo para su esposa, Gabriela Maria Ferreira, con dicho material.
Muchas personas que visitaron la chatarrería y el hogar de Alves Ferreira entraron en contacto con el polvo, resultando contaminadas y desperdigándolo por la ciudad. Ivo, hermano de Devair Alves Ferreira usó el polvo para pintarse una cruz azul resplandeciente en el abdomen. También contaminó los animales de su granja, muchos de los cuales murieron. Un amigo de Alves Ferreir abrió a martillazos la cobertura de plomo del dedal, y el 25 de septiembre el propio chatarrero vendió los desechos metálicos a otro desguace, cuyo propietario sobrevivió al incidente.
Ivo Alves Ferreira extrajo el polvo de la fuente, a pocos metros de su casa, y lo esparció por el suelo. Su hija Leide das Neves Ferreira, de seis años, estuvo posteriormente comiendo sentada en el suelo, con lo que absorbió parte del material radiactivo (un gigaberquelio, suponiendo una dosis de 6 Gy). Leide estaba tan fascinada con el resplandor azul del suelo que se lo untó en su cuerpo y se lo mostró a su madre.
Gabriela Maria Ferreira fue la primera que se dio cuenta de la relación entre la presencia del material y la enfermedad de varias personas de su entorno. El 28 de septiembre, dos semanas después del robo de la fuente, Gabriela fue en autobús con uno de los empleados de la chatarrería a un hospital, transportando la fuente en una bolsa plástica. Allí, el físico Paulo Roberto Monteiro sospechó que la fuente era peligrosa, y la mantuvo alejada de sí mismo y de otras personas. Gabriela falleció el 23 de octubre.
Fallecimientos
Leide das Neves Ferreira, 6 años (6 Gy, 600 REM), era la hija de Ivo Ferreira. Inicialmente, cuando un equipo de salvamento procedió a su tratamiento, fue aislada en una habitación especial porque el personal del hospital tenía miedo de entrar en contacto con ella. Entre los síntomas se registraron hinchazón, caída del pelo, hemorragias internas y daños en pulmones y riñones. Murió el 23 de octubre de 1987 y fue enterrada en un ataúd de plomo, sepultado por cemento.
Gabriela Maria Ferreira, 38 años (5,7 Gy, 550 REM), esposa del chatarrero Devair Ferreira cayó enferma tres días después de entrar en contacto con la sustancia. Su estado empeoró y registró hemorragias internas, especialmente en las extremidades, ojos y tracto digestivo, así como caída del cabello. Murió el 23 de octubre de 1987.
Israel Baptista dos Santos, 22 años (4,5 Gy, 450 REM) era un empleado de tecnicor, que trabajó con la fuente radiactiva para extraer el plomo. Desarrolló serias complicaciones respiratorias y linfáticas. Fue ingresado el 21 de octubre de 1987 y murió seis días después.
Admilson Alves de Souza, 18 años (5,3 Gy, 500 REM) también era una empleada de tecnicor, y también trabajó con la fuente radiactiva. Sufrió daños pulmonares y hemorragias internas, y falleció el 18 de octubre de 1987.
Además, otras 112.000 personas fueron examinadas, encontrándose materiales radiactivos en el interior de 244 personas, de las cuales 129 fueron tratadas por contaminación por radiación.
Responsabilidades
Debido a los fallecimientos, a los tres médicos que fueron encargados de mantener y operar el aparato de radioterapia se les atribuyeron cargos por homicidio por negligencia. El argumento esgrimido fue la enorme negligencia de los ex-responsables, que dejaron abandonado un aparato potencialmente peligroso. El accidente demostró la importancia de que las autoridades públicas procedan a inventariar y monitorizar cualquier fuente importante de radiación.
En el año 2000, una sentencia de la octava corte federal del Estado de Goirás ordenó a la Comisión Nacional de Energía Nuclear de Brasil a compensar a las víctimas con 1,3 millones de reales (unos 560.000 €), así como garantizarles tratamiento médico y psicológico, incluyendo también a sus descendientes de segunda y tercera generación.5
Dado que el accidente ocurrió antes de la promulgación de la Constitución Federal de 1988, y como el aparato de radioterapia había sido adquirido por el IGR y no por los médicos, estos no pudieron ser declarados responsables. Sin embargo, uno de los médicos debió pagar 100.000 reales (unos € 43.000) para sufragar el acondicionamiento de las instalaciones abandonadas. Por su parte, los chatarreros no fueron acusados en ningún momento.
La historia entera en wikipedia
Hay que ser burro para abandonar una máquina de radioterapia (aunque sea sólo por la pasta que vale), hay que ser burro para robar una máquina de esas y desguazarla, hay que ser burro para dejar que una niña de 6 años juegue con substancias desconocidas del interior de una máquina de un hospital, hay que ser burro para no saber como es el símbolo de riesgo nuclear y las consecuencias que conlleva ignorarlo (que hasta mi hija de 9 años conoce), hay que ser burro para llevarse el cesio-137 metido en una bolsa en un autobús público y a un hospital público (¿acaso no hay teléfonos en Brasil?), joder que peligrosa puede ser la ignorancia y la estupidez...
El Instituto Goiano de Radioterapia (IGR), una clínica privada localizada a un kilómetro al noroeste de Praça Cívica (en Natal, Brasil), fue abandonado en 1985.
Una unidad de teleterapia, con cesio-137 en su interior, fue abandonada en el inmueble.
[La unidad abandonada era como esta]
A lo largo de los años siguientes, muchas personas sin hogar, okupas y chatarreros entraron en el edificio.
El 13 de septiembre de 1987, dos hombres, — Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira — encontraron el aparato de teleterapia y lo llevaron en carretilla a la casa de dos Santos Alves, a unos 600 metros del hospital abandonado. Allí desmantelaron el equipamiento, extrayendo la cápsula de cesio de su carcasa de protección. La radiación gamma emitida por la ventada de iridio de la cápsula provocó náuseas a los dos hombres tras un par de días, pero pensaron que se debía a algo que habían ingerido. La exposición ocasionó quemaduras por radiación en sus cuerpos, y uno de ellos tuvo que someterse posteriormente a la amputación de un brazo.
Los dos hombres intentaron abrir la cápsula, pero no lo consiguieron. Pocos días después, sin embargo, uno de ellos rompió la ventana de iridio, lo que le permitió observar que el cloruro de cesio emitía una profunda luz azul. A pesar de intentar extraerlo, finalmente acabó rindiéndose.
El 18 de septiembre Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira vendieron las piezas a una chatarrería cercana. Esa noche, Devair Alves Ferreira, propietario de la chatarrería, estaba en el garaje y vio el resplandor azul de la cápsula de cesio. En los días siguientes invitó a amigos y familiares a ver la sustancia luminosa. Ferreria intentó hacer un anillo para su esposa, Gabriela Maria Ferreira, con dicho material.
Muchas personas que visitaron la chatarrería y el hogar de Alves Ferreira entraron en contacto con el polvo, resultando contaminadas y desperdigándolo por la ciudad. Ivo, hermano de Devair Alves Ferreira usó el polvo para pintarse una cruz azul resplandeciente en el abdomen. También contaminó los animales de su granja, muchos de los cuales murieron. Un amigo de Alves Ferreir abrió a martillazos la cobertura de plomo del dedal, y el 25 de septiembre el propio chatarrero vendió los desechos metálicos a otro desguace, cuyo propietario sobrevivió al incidente.
Ivo Alves Ferreira extrajo el polvo de la fuente, a pocos metros de su casa, y lo esparció por el suelo. Su hija Leide das Neves Ferreira, de seis años, estuvo posteriormente comiendo sentada en el suelo, con lo que absorbió parte del material radiactivo (un gigaberquelio, suponiendo una dosis de 6 Gy). Leide estaba tan fascinada con el resplandor azul del suelo que se lo untó en su cuerpo y se lo mostró a su madre.
Gabriela Maria Ferreira fue la primera que se dio cuenta de la relación entre la presencia del material y la enfermedad de varias personas de su entorno. El 28 de septiembre, dos semanas después del robo de la fuente, Gabriela fue en autobús con uno de los empleados de la chatarrería a un hospital, transportando la fuente en una bolsa plástica. Allí, el físico Paulo Roberto Monteiro sospechó que la fuente era peligrosa, y la mantuvo alejada de sí mismo y de otras personas. Gabriela falleció el 23 de octubre.
Fallecimientos
Leide das Neves Ferreira, 6 años (6 Gy, 600 REM), era la hija de Ivo Ferreira. Inicialmente, cuando un equipo de salvamento procedió a su tratamiento, fue aislada en una habitación especial porque el personal del hospital tenía miedo de entrar en contacto con ella. Entre los síntomas se registraron hinchazón, caída del pelo, hemorragias internas y daños en pulmones y riñones. Murió el 23 de octubre de 1987 y fue enterrada en un ataúd de plomo, sepultado por cemento.
Gabriela Maria Ferreira, 38 años (5,7 Gy, 550 REM), esposa del chatarrero Devair Ferreira cayó enferma tres días después de entrar en contacto con la sustancia. Su estado empeoró y registró hemorragias internas, especialmente en las extremidades, ojos y tracto digestivo, así como caída del cabello. Murió el 23 de octubre de 1987.
Israel Baptista dos Santos, 22 años (4,5 Gy, 450 REM) era un empleado de tecnicor, que trabajó con la fuente radiactiva para extraer el plomo. Desarrolló serias complicaciones respiratorias y linfáticas. Fue ingresado el 21 de octubre de 1987 y murió seis días después.
Admilson Alves de Souza, 18 años (5,3 Gy, 500 REM) también era una empleada de tecnicor, y también trabajó con la fuente radiactiva. Sufrió daños pulmonares y hemorragias internas, y falleció el 18 de octubre de 1987.
Además, otras 112.000 personas fueron examinadas, encontrándose materiales radiactivos en el interior de 244 personas, de las cuales 129 fueron tratadas por contaminación por radiación.
Responsabilidades
Debido a los fallecimientos, a los tres médicos que fueron encargados de mantener y operar el aparato de radioterapia se les atribuyeron cargos por homicidio por negligencia. El argumento esgrimido fue la enorme negligencia de los ex-responsables, que dejaron abandonado un aparato potencialmente peligroso. El accidente demostró la importancia de que las autoridades públicas procedan a inventariar y monitorizar cualquier fuente importante de radiación.
En el año 2000, una sentencia de la octava corte federal del Estado de Goirás ordenó a la Comisión Nacional de Energía Nuclear de Brasil a compensar a las víctimas con 1,3 millones de reales (unos 560.000 €), así como garantizarles tratamiento médico y psicológico, incluyendo también a sus descendientes de segunda y tercera generación.5
Dado que el accidente ocurrió antes de la promulgación de la Constitución Federal de 1988, y como el aparato de radioterapia había sido adquirido por el IGR y no por los médicos, estos no pudieron ser declarados responsables. Sin embargo, uno de los médicos debió pagar 100.000 reales (unos € 43.000) para sufragar el acondicionamiento de las instalaciones abandonadas. Por su parte, los chatarreros no fueron acusados en ningún momento.
La historia entera en wikipedia